Una de las grandes atrocidades que comete el gobierno de Bush es la pena de muerte. Desde 1990 han sido ejecutadas en Estados Unidos más de 350 personas, y actualmente hay más de 3.300 condenadas a muerte. Más de un centenar de países han abolido esto en su legislación o en la práctica. Estados Unidos, el país más poderoso, en cambio, ha aumentado el número de ejecuciones. La mayoría de las ejecuciones se llevan a cabo mediante inyección letal. Pero este método no es, como se ha dicho muchas veces, un indoloro proceso clínico.
Las normas internacionales intentan restringir el ámbito de aplicación de la pena de muerte. Prohíben su imposición a niños, la consideran inaceptable como castigo de deficientes mentales y exigen las máximas medidas jurídicas en los juicios por delitos penados con la muerte. Estados Unidos no cumple nada de esto.
No se sabe cuántos presos han sido ejecutados en Estados Unidos por delitos que no habían cometido. Amnistía Internacional ha documentado numerosos casos de personas a las que se les quitó la vida a pesar de existir serias dudas acerca de su culpabilidad.
Desde 1973 han sido excarceladas 75 personas al descubrir que estaban en la cárcel por error. Entre estos pobres hombres está Curtys Kyles que lo dejaron en libertad en 1997 después de catorce años en espera a su muerte.
¡Qué grande tiene que ser el sufrimiento de una persona encerrada en una cárcel donde en algunos casos encima son maltratados! Por si no bastaba con vivir unos cuantos años de tu vida en un sitio sin ilusión, sin futuro y con una desesperación atroz que te quita toda esperanza de vida y sobre todo en estos casos que ya sabes que vas a ser ejecutado. Encima, las personas de estos casos que he mencionado eran inocentes.
Además, la aplicación de la pena capital es racista. Los negros constituyen sólo el 12 por ciento de la población de Estados Unidos; sin embargo, el 42 por ciento de los condenados a muerte del país son negros.
En mi opinión la cárcel debería ser un lugar donde enseñar y humanizar a personas que en su vida, por diferentes circunstancias, han cometido delitos, unos más grandes que otros. Si la cárcel sólo sirve para desesperar a los presos y desmotivarlos, es un acto inútil condenar a una persona. Es cierto que actualmente existen proyectos de adaptación de los presos en la sociedad, pero existen muchos casos de maltrato y corrupción. Y para colmo el estado más rico del planeta aplica una ley inmoral e inútil, que acaba con la vida de una persona, la cual puede haber sido condenada por lo mismo ( por matar). ¿Entonces, deberíamos condenarles a muerte a ellos?
¡Qué malos somos los hombres! Somos los peores entre todos los seres vivos, los que más violencia creamos, los que más odio sentimos, ¿los más inteligentes?, sí, pero a la vez los más tontos, la mayoría de las desgracias son culpa nuestra y eso demuestra que la inteligencia y adaptación están mal empleadas.
¿Realmente sirven de algo estas condenas?, ¿ Se han reducido el número de asesinatos? Claramente NO, la gente sigue actuando igual, así que habría que plantearse otra solución, ya que por este camino no vamos a ninguna parte.