Son ocasiones en las que veo un documental por accidente las que me hacen ver que el mundo no ha cambiado nada en las últimas décadas o incluso siglos. Eso que se exige, eso que llaman tolerancia no existe, sólo existe cuando conviene. Porque, de cara a la galería esta cualidad parece hacernos mejores personas y de esta manera menos conservadores y más liberales.
El documental anteriormente citado mostraba la realmente denunciable situación del Barrio Rojo de Calcuta. Esta ciudad de gran población al sur de la India se caracteriza por la extrema pobreza de sus habitantes. La miseria en la que viven lleva a que desde muy pequeños tengan que trabajar para poder sobrevivir, y una de las maneras más fáciles y de las únicas es ejercer la prostitución. A consecuencia de ello, no es de extrañar que los niños y niñas que viven allí sean en su mayoría hijos de prostitutas; hecho que se viene repitiendo generación tras generación. Lo peor, es que se ve como algo detestable y le da mala fama al barrio en cuestión; pero, lo que no se tiene en cuenta es que no se ofrecen medidas para salir de ese círculo.
Una de las primeras medidas necesarias sería brindarles la oportunidad de estudiar, para así acercarles al mundo laboral fuera de la prostitución. El problema está en que siendo la mayoría de escuelas de la zona religiosas, les prohíben la entrada alegando que a los de dicho lugar no los quiere nadie; claro está, por ser descendientes que se dedican al oficio más antiguo del mundo.
La intolerancia hacia estos niños tiene que ver con las creencias religiosas de siglos pasados. La mentalidad debería haber cambiado en los últimos tiempos y la Iglesia, que tan misericordiosa dice ser, tendría que ayudar a los más necesitados, para así acabar con la lamentable situación de necesidad y pobreza que sufren en el Barrio Rojo y en otros muchos lugares.
Éste sólo es uno de los numerosos problemas que crean la intolerancia, la hipocresía y el falso puritanismo. Un ejemplo claro es el caso de la inmigración, todo el mundo parece estar a favor de ello, pero si nos toca cerca (como en el caso de vecinos o compañeros e clase) empiezan a surgir los inconvenientes.
Por eso, aunque esas personas sean admitidas en los colegios, los problemas surgirán por parte de los compañeros de clase. Porque, al fin y al cabo, cambia la mentalidad de la gente está costando más trabajo y tiempo del que debería.