El suicidio siempre se ha considerado algo horrible, asociado a personas débiles, sin moral y egoístas, un pensamiento siempre promovido por las religiones. Esto llega al extremo de que el suicidio se considere un pecado. A día de hoy la conciencia religiosa se ha perdido en gran medida haciendo que el acto de suicidarse esté más integrado en la sociedad y que se vea, más que como una aberración, como un suceso triste.
Aún así, aún estando el suicidio aceptado en la sociedad y de hecho, siendo parte de ella, hay quien todavía critica a la gente que escoge morir. Es el caso de la eutanasia, fenómeno que no sólo recibió muchísimas críticas por parte de la iglesia sino también por parte de la ciudadanía y de momento sigue siendo ilegal.
En cuanto a suicidios no médicos, existe la opinión de que la del suicida, es una actitud egoísta en cuanto a que hacen sufrir a sus amistades y familiares, en caso de tenerlos, de una forma voluntaria. Sin embargo se requiere de una sensibilidad mayor para comprender que, siendo vivir el objetivo de la vida, si alguien decide que no quiere participar más en este mundo, será por una buena razón.
En resumen, independientemente de que el acto de suicidarse necesite de una gran valentía o cobardía, debería estar permitido que una persona pueda decidir sobre su futuro en cuanto a si vive o deja de vivir.