Se acerca el final del curso y todos los alumnos de segundo de bachiller estamos pendientes de la selectividad y los exámenes finales, aunque unos más que otros por supuesto.
Mayo está a la vuelta de la esquina, y una vez hecha la selectividad podremos disfrutar de un verano largo y relajado siempre que aprobemos todo sin problemas y hagamos un último esfuerzo para conseguirlo; A partir del siete u ocho de mayo no tendremos ni un respiro hasta el 13 de junio que será cuando terminemos ese examen tan temido por todo el alumnado, la selectividad. Hasta entonces nos veremos obligados a estudiar casi diariamente, sobretodo porque algunos necesitaremos una nota media elevada para hacer la carrera que deseamos, o simplemente para no ir tan justos en caso de bajar nota en el examen de acceso a la universidad.
Una vez superado todo esto llegará el tan ansiado verano y será cuando podamos disfrutar de las fiestas, los amigos, la playa, los viajes… Pero no será un verano como los demás, ya que la vuelta a clase no será como siempre, es decir, no será regresar al instituto donde llevamos seis años y reencontrarnos con nuestros amigos y compañeros conocidos desde hace años, sino que tendremos que ir a la universidad, conocer gente nueva….
Cada uno tomará su camino, algunos se irán a vivir fuera de su casa, otros se quedarán estudiando aquí… por todo ello nos veremos obligados a separarnos de nuestros compañeros y de nuestra vida habitual para dar un nuevo paso hacia la madurez y nuestro futuro.
Este cambio tan radical nos asusta a muchos, aunque también sentimos cierta curiosidad por ese “cambio de aires”, y queramos o no tendremos que acostumbrarnos a un centro nuevo, donde los profesores no se preocuparán por nosotros como lo hacen los del instituto, seremos totalmente independientes y nadie te apuntará las “piras”, al contrario, al profesor le dará exactamente igual que acudas o no a clase y en caso de no hacerlo será en tu perjuicio para ti .
En resumen, todos ansiamos esa libertad de la que pronto podremos disfrutar, pero al mismo tiempo somos conscientes de que echaremos de menos la cercanía de los profesores y a todos nuestros compañeros; porque aunque ahora no lo reconozcamos, en ningún sitio se está como en el instituto.