Nos encontramos en medio de un camino tortuoso, angosto e infinito. Esta vereda, que discurre entre abruptos acantilados y muros escarpados, nos engulle sin ningún pudor, como el bosque atrapa a los pequeños seres que habitan en él.
Ven, acompáñame, lector, amigo, no te alejes de mí en ningún momento. ¿A dónde ir?¿Hacia qué parte dirigiremos nuestros pasos?
Después de largas horas intentando encontrar una salida, nos damos cuenta de que nos hallamos en medio de un laberinto, lleno de recias, sólidas y acorazadas puertas, cuya apertura tras extenuante esfuerzo, conduce a dependencias húmedas y lúgubres, vacuas o repletas de objetos cuyo dilógico significado se nos hace imposible comprender.
¿De qué modo es posible vivir en estas inhóspitas celdas carentes de vida? ¿Dónde está la salida de este averno? Socórreme, compañero, juntos encontraremos un refugio en el que evadirnos de la realidad. ¿Qué es eso? ¿Tú también lo aprecias?
Ascendemos apresuradamente por una escalinata que emerge de entre la nada y discurre entre despejados y soleados cielos azules. Tan rápido como nuestros cuerpos nos lo permiten, por miedo a que esa única salida desaparezca como polvo tras una ráfaga de viento, traspasamos el pórtico que la corona y descubrimos unas estancias diáfanas, amplias y llenas de luz.
Esa luz que traspasa nuestros tristes y apagados ojos nos empuja a vivir felices, en paz y armonía, colmando, cada parte de nuestro torturado cuerpo, del optimismo que todos y cada uno de nosotros necesitamos. ¡Lo hemos conseguido! ¡Por fin! Todo parece tan perfecto… Pero, ¿es real?
¿Podemos concluir que en los más soleados salones no encontraremos pequeños rincones sombríos? y por el contrario, ¿acaso las más profundas cavernas no pueden ser traspasadas por un rayo de luz?
Miro hacia atrás, busco entre mis recuerdos y me pregunto: ¿Qué es la vida? Un conjunto de recuerdos, añoranzas y preciosos sueños a los que, necesaria e inevitablemente, se han de contraponer acontecimientos no siempre felices. Pero, aún en los sucesos más aciagos, debemos intentar que esos momentos mágicos prevalezcan y de esa manera franquear el pórtico de nuestra escalera.