Miremos a través de la ventana; ¿ves lo mismo que yo? Mira fijamente. Observa las casas que la rodean, casas centenarias, deterioradas, que parecen gigantes guardianes de la calle que se posa sobre sus pies. Están cansadas, desmotivadas, aburridas de la única visión abrumadora que se les ofrece. ¿Qué día más singular, verdad? El cielo está encapotado, esponjoso pero de cuando en cuando deja salir una luz tenue, leve y sutil. Junto con la fuerte brisa que sacude los ventanales, se crea un ambiente tenso y tirante; ¿no es así?Los gigantes siguen custodiando la calle oscura, infinita, insólita. Atienden aquella pasarela que forman, una pasarela perfecta, rectilínea. No se atreven a deformarla ni a cambiarle la dirección. La vigilan en toda su extensión. Dirige la mirada a la gran pasarela; es fornida, sólida, robusta como la personalidad de la calle. Es la firmeza y la autoridad. Ella decide quién tiene el poder de atravesarla. Está echa de un material característico: ese material que a pesar del paso del tiempo sigue manteniéndose igual, colocado de forma estratégica. ¡Atento! ¿Ves esos cuerpos que se posan en ella? Esos cuerpos que a simple vista se podrían diferenciar en dos tipos.Fíjate en aquellos cuerpos sin luz, oscuros, grises, apagados. La cruzan tiesos, erguidos, inamovibles pero inestables. Por la apariencia deduzco que son de personalidad sumisa, acrítica aunque hipócritas y egoístas. Son aquellos conservadores acabados, derrotados y desilusionados ante la fuerza de unos pocos. Muestran buena apariencia pero representan el retraso del futuro, junto con la vergüenza de la sociedad. No luchan, no buscan su propio objetivo, tan sólo atienden lo suyo pero existe un sentimiento que les corroe por dentro; te lo aseguro. Se les podría comparar con las trabajadoras hormigas, aunque es más acertado la comparación con las abejas. Al igual que ellas, estos, viven y mueren para complacer los deseos de una reina. En cambio, de vez en cuando se diferencian otro tipo de cuerpos, cuerpos verdes, rojos, lilas, llenos de luz. Tienen espíritu, con personalidad crítica y luchadora. Son cuerpos vanos, orgullosos de la misma manera que son soñadores, creadores de esperanza y contendientes. Viven oprimidos y censurados en esta sociedad que muestra la postura de no aceptar cambios. Son pisoteados por la única razón de tener un propio pensamiento y de querer defenderlo. Representan el ahora y el después puesto que luchan, se organizan y movilizan. ¡Estos cuerpos no son cuerpos, son personas! Personas de sentimientos, personas que sienten el dolor de la opresión. Son personas, sí; personas que son las que forman un pueblo, una nación, su propia nación. Por lo contrario, mira a esos cuerpos; ¡esos si que no son personas! ¿No lo crees? No son más que un bulto que estorba que impide el avance de la sociedad. No se les debería permitir el paso mientras que otros siguen esforzándose tanto para alcanzar unos objetivos que al fin y al cabo todos los gozan. La vida tanto como las personas es injusta.