Hoy en día acudes a ver un partido de fútbol a un estadio, o simplemente a un polideportivo, y te encuentras con algo parecido a un teatrillo de poca monta. Un jugador que al mínimo contacto se lanza a la piscina, otro que se retuerce en el terreno de juego al recibir un pequeño pisotón, el árbitro que expulsa a un jugador porque se inventa que le a ha faltado el respeto, etc. ¿Y toda esta farsa por qué? Porque cobran veinte millones de euros al año y se creen intocables. El fútbol, en cuestión de años, ha pasado de ser un deporte de máximo esfuerzo y dedicación, a ser un increíble negocio, donde sólo necesitas tener buen toque de balón y ser guapo. El balompié se ha convertido en el deporte donde más dinero se gana, y además ejerciendo lo que te gusta. Así como en categorías inferiores te partes las piernas por ganarte el puesto y poder gozar de minutos, en la primera división española no te preocupas de jugar, sino de la cantidad de dinero que puedas llevarte al bolsillo. Pero no olvidemos a los señores colegiados, que menudos son también. El trabajo de estos parece más que controlar un partido, no dejar jugarlo, ya que no paran de pitar faltas inexistentes y expulsar a jugadores sin razones suficientes para hacerlo. Parecen muchas veces que quieren hacerse los héroes del partido al igual que los jugadores. ¿Es que tienen envidia o qué? “¡Ala!, me saco un penalti de la manga y así ganan gracias a mí. Qué generoso soy.” Pero lo dicho no ocurre en todas las ligas, ;en la inglesa sí se juega un fútbol de verdad. Los jugadores luchan por el balón hasta el final, presionan, disputan, si se caen al suelo se levantan de inmediato, etc. Y los colegiados intervienen mucho menos en el juego, dejando jugar y permitiendo al espectador ver un bonito partido. En cuanto al trato entre ambos, jugador-colegiado, es penoso. El jugador enseguida insulta y critica al árbitro cuando no puede ni dirigirse a él de una forma incorrecta. Y por supuesto, los jueces cogen la toman venganza por ellos mismos y actúan de forma rigurosa para perjudicar al jugador que anteriormente les increpó. Al fin y al cabo, un partido es una auténtica batalla entre los jugadores y el cuarteto arbitral. Por ejemplo en Italia, muchos clubes de fútbol sobornaron a algunos árbitros para que arbitrasen a favor suyo. Claro que después de ser cazados se les impusieron duras sanciones. Yo creo que entre estos dos rangos debe haber diferencia y respeto, al igual que en el rugby. En este deporte, el árbitro es una persona de mayor nivel donde al que sólo los capitanes de cada equipo tienen el derecho de dirigírsele.
Resumiendo, me gustaría que el fútbol dejase de ser tan artificial y “pijo”, para conseguir que toda persona relacionado con ello él tratase de hacerlo lo mejor posible respetando las reglas de juego. En mi opinión la solución sería bajarles el estratosférico sueldo que cobran, y ya verás que rápido espabilan. ¿Pero llegados a este punto, quién se atrevería a acortar sus sueldos?
